jueves, 16 de abril de 2015

Andalucía: algunos partidos siguen sin enterarse

Hoy se celebra la sesión constitutiva del Parlamento de Andalucía. Casi un mes después de los comicios del 22-M, tras dos rondas de contactos con los partidos políticos que han obtenido representación en el Parlamento de Andalucía y después de haber dado audiencia a los agentes sociales y económicos de la Comunidad, la investidura de Susana Díaz -la clara vencedora de las elecciones andaluzas- sigue sin reunir los apoyos necesarios para resultar elegida presidenta.

En Andalucía y en el resto del país se ha hablado mucho en los últimos meses de la llegada de un nuevo tiempo político en el que las mayorías absolutas dejarían paso al acuerdo y al pacto. Pero viendo lo que ocurre en Andalucía bien podría afirmarse que nada ha cambiado y que algunos partidos continúan sacrificando el interés general frente al de partido, siguen sin mostrar voluntad de acuerdo y consenso y siguen sin poner en primer término la opinión de la ciudadanía.

En un Parlamento de Andalucía marcado por la ausencia de mayoría absoluta, y en el contexto actual de hartazgo y desafección, la voluntad de diálogo y acuerdo de los partidos políticos debiera de ser inquebrantable. Sin embargo, ante la inminencia de las elecciones municipales del 24-M, las estrategias se están definiendo en clave partidaria, más que de interés general.

Susana Díaz fue la clara vencedora de las elecciones andaluzas. No hay ninguna duda al respecto. Si la líder del PSOE llega a las municipales del 24-M habiendo sido investida presidenta sin resistencia y con las instituciones de gobierno de la Comunidad funcionando con normalidad, pese a no disponer de mayoría absoluta en el Parlamento Andaluz, su talla política crecería aún más. Esto es precisamente lo que PP, Podemos y Ciudadanos intentan evitar a toda costa. De ahí que, con independencia de lo expresado por los andaluces en las urnas, estén retrasando deliberadamente la investidura de Susana Díaz con el único propósito de desgastar la imagen de la líder del PSOE de cara a las próximas municipales para así arañarle un puñado de votos.

Si las elecciones del 22-M no estuvieran a la vuelta de la esquina, muy probablemente el comportamiento de PP, Podemos y Ciudadanos sería distinto. Pero, como digo, ante la inmediatez de las municipales el interés partidario está pesando más que el interés general.

Sea como fuere, llegar a las elecciones municipales -es decir, dos meses después de la celebración de las elecciones andaluzas- sin haber elegido presidenta y sin haber formado gobierno es, a mi juicio, una situación profundamente irresponsable y antidemocrática. Más aún, en el actual contexto de desafección. 

A los andaluces se les formuló una pregunta el 22-M y la respondieron democráticamente con su voto. Los andaluces, por tanto, ya han hablado. Ya han dicho lo que tenían que decir. Ahora es el turno de los partidos, que deben respetar la voluntad 'sagrada' que los andaluces han expresado en las urnas y trasladarla a las instituciones de gobierno de la Comunidad hasta hacer posible su normal funcionamiento. En eso consiste la democracia. No hacerlo es 'secuestrar' la voluntad de la ciudadanía andaluza por un interés partidario. Y esto es profundamente irresponsable y antidemocrático. Más aún, en el actual contexto de hartazgo y desafección.



viernes, 27 de marzo de 2015

A los que hacen posible la Semana Santa

A falta de unas horas para que la primera Cruz de Guía se ponga en la calle y de comienzo la Semana Santa, para muchos onubenses la más especial de cuántas tiene el año, la que emociona en lo más hondo, la que saca a la calle a miles de onubenses durante todos los días, la que Huelva renueva cada año como un rito que atraviesa el tiempo, siento la necesidad de agradecer su dedicación a todas las personas que la hacen posible.

A esos hombres y mujeres que trabajan discretamente durante todo el año en el anonimato de las casahermandad: a los que piensan los altares de cultos y a los que montan esas arquitecturas efímeras, a los que se pasan las Colombinas frente a una plancha o sirviendo cervezas, a los que limpian la orfebrería tras la estación de penitencia, a los que buscan los predicadores para los cultos, a los que preparan las verbenas y las Cruces de Mayo, a los que están pendientes de ataviar las imágenes durante el año, a las juntas de oficiales que se reúnen durante los meses de verano, a los grupos jóvenes que se mueven con la fuerza del entusiasmo, a los componentes de las bandas, a los grupos de acólitos...

La mayoría de las veces el trabajo de estas personas pasa desapercibido y otras, no pocas, es juzgado con severidad. Pero hoy, a escasas horas de que comience la Semana Santa, siento la necesidad de reconocer a las personas, de la primera a la última, que con su trabajo hacen posible el espectáculo único que representa la Semana Santa.

Ha llegado el momento de disfrutar de lo que tanto nos gusta con la mejor disposición posible, buscando los momentos, las emociones, lo sublime...y dejando a un lado ese defecto que a veces nos impide disfrutar plenamente de lo que tanto nos gusta.

La inminente Semana Santa nos va a regalar momentos únicos pero fugaces: una revirá llena de armonía acompañada de una marcha exquisita, el discurrir solemnísimo de una cofradía completamente en silencio, un cortejo dispuesto con el mejor de los criterios, una saeta interpretada con gusto, los olores y sabores propios de la Semana Santa, un altar de cultos monumental, las mañanas únicas de los días santos...

Disfrutemos con toda la plenitud que sea posible de todos y cada uno de estos momentos. Porque muy pronto será Domingo de Resurrección y habrá que esperar un año para que suceda, otra vez, el milagro de la Semana Santa. Buena estación.



martes, 24 de marzo de 2015

Una lectura de las elecciones andaluzas

Las elecciones autonómicas celebradas el domingo en Andalucía dejan como claros y únicos triunfadores al PSOE-Andalucía y a Susana Díaz. El resultado del PSOE es un éxito incuestionable. Mantener el mismo número de escaños en el contexto de crisis económica y desafección, frente a los partidos emergentes y pese al desgaste derivado de ciertos casos de corrupción es un logro épico. El PSOE vuelve a ser el partido mayoritario en Andalucía y demuestra que tiene una organización fuerte y un discurso que agrada a los andaluces.

El 22-M ha vuelto a poner de manifiesto la importancia que tiene el líder en la nueva política. Los resultados del domingo no pueden entenderse sin Susana Díaz: el carisma, la fuerza, el discurso de la presidenta ha resultado decisivo en el triunfo del PSOE-Andalucía. Bien podría decirse que el domingo ganó el partido que contó con el (o la) líder más fuerte y fiable. A la trianera le faltaba pasar el examen de las urnas y el 22-M lo superó con nota. El domingo ganó Susana Díaz: su estrategia de romper el pacto de gobierno con IU y de adelantar un año las elecciones. Su figura se agiganta.

El PSOE-Andalucía ha tenido la habilidad de gobernar en la Junta de Andalucía desde las primeras elecciones autonómicas; es decir, ha tenido la habilidad de renovar su discurso desde el poder. En la actual coyuntura de desafección, de desencanto, se antoja fundamental que el PSOE-Andalucía mantenga esa virtud y sepa ofrecer al electorado lo que está demandando en una coyuntura especialmente compleja.

El PP ha sido el gran derrotado en los comicios. Perder 17 escaños y dejar de ser la fuerza más votada constituye un fracaso sin paliativos, que no hace si no ahondar en el particular Vía Crucis del partido de Rajoy en Andalucía, que dura ya más de tres décadas. El domingo el PP obtuvo el 26,7% de los votos; desde 1990 no bajaba del 30% de los sufragios. No hay excusas. Una vez más, ha quedado probado que el PP no se desenvuelve con solvencia en Andalucía y que su discurso no seduce al electorado del Sur. Las razones de este fracaso son varias: el rechazo a las políticas de recortes y austeridad del gobierno Rajoy, la sensación de que Moreno Bonilla es un líder circunstancial, que no se ha ganado el liderazgo trabajando la tierra andaluza, o la ausencia de un proyecto político atractivo para Andalucía. El PP debe tomarse con más seriedad Andalucía o seguir, como hasta ahora, optando por ser un partido de gobierno en España y de oposición en Andalucía.


Los resultados de Podemos tienen dos caras: si se toman los datos de manera aislada, hay que afirmar que entrar en el Parlamento con 15 escaños es un éxito sin paliativos. Pero si se analizan las pretensiones del partido de Pablo Iglesias, su objetivo de convertirse en la fuerza hegemónica y dar un vuelco al mapa político, hay que concluir que Podemos no ha estado a la altura de las expectativas. El resultado del 22-M puede que haya pinchado el globo de Podemos y que marque un punto de inflexión en la tendencia alcista de esta formación situándola en su lugar exacto. Podemos, como digo, aspira a convertirse en la fuerza hegemónica y a dejar atrás a lo que denominan 'casta', pero los resultados del domingo parecen demostrar que los verdaderos adversarios de Podemos, su liga, son Ciudadanos e IU, más que PSOE y PP. De cara al futuro, hay que considerar que los escaños que ha reunido Podemos proceden de IU y PP, es decir, de un electorado que lo único que tiene en común es la sensación de hartazgo. No será fácil para Podemos seguir aglutinando a un electorado tan heterogéneo. Pero no será este el único reto que deberá enfrentar el partido de Iglesias, que a partir de ahora estará representado en el Parlamento Andaluz y dejará de ser una novedad, la nota simpática a la que se ha mirado con benevolencia. Desde ya, los ciudadanos van a examinar con mayor rigor al partido morado, que deberá abandonar la ambigüedad en la que se ha movido hasta ahora y posicionarse permanentemente en los asuntos y debates que surjan. En especial, tendrá que definir con claridad su propuesta ideológica, casar discurso y praxis, probar que su modelo orgánico es distinto al de los partidos tradicionales y demostrar que es una formación útil, en la que se puede confiar, porque es capaz de dar respuesta a los problemas y demandas de la ciudadanía y a los desafíos que enfrenta la sociedad del siglo XXI. 

Con un discurso y un líder más centrados y realistas que Podemos, Ciudadanos ha obtenido un gran resultado y ha confirmado la espectacular ascensión que los sondeos han adelantado en los últimos meses. Hay que tener presente que en las elecciones europeas de hace un año, Ciudadanos obtuvo en Andalucía el 1,7% de los votos, mientras que el domingo obtuvo el 9,2%, de modo que en un año la progresión ha sido sorprendente. Mientras Podemos no le ha restado un solo escaño al PSOE, el resultado del 22-M parece confirmar a Ciudadanos como un partido que puede hacer daño al PP de Rajoy. Ciudadanos, al igual que Podemos, también ha nadado con comodidad en el mar de la ambigüedad. Por esta razón, el principal desafío para esta formación pasa por definirse ideológicamente, al mismo tiempo, que mantiene la fidelidad de sus votantes. 


IU ha sido el gran damnificado con la aparición de Podemos. Tal vez, la coalición de izquierdas no haya medido bien el riesgo que suponía la irrupción de Podemos, confiando que el daño lo iba a sufrir el PSOE y no ellos. Las primeras interpretaciones que los dirigentes de IU han hecho de los resultados del domingo no me parecen acertadas. Atribuir el castigo electoral a la decisión de entrar en coalición con el PSOE en el gobierno de la Junta de Andalucía me parece una lectura fácil en la que falta mayor dosis de autocrítica. En primer lugar, considero que IU debe tener madurez y temple para afrontar la actual coyuntura, porque está por ver que Podemos haya venido para quedarse. Creo, además, que IU debe reflexionar sobre asuntos que nunca ha cuestionado y que tienen poco menos que como dogmas. Por ejemplo, creo que debe cuestionarse si su modelo orgánico es el más idóneo o si debe girar hacia otro con direcciones más fuertes; debe preguntarse si el electorado progresista entiende la obsesión de esta formación con el PSOE o si su discurso es el más acertado para los retos que enfrenta la sociedad del siglo XXI. El electorado le ha dado la espalda a IU y la coalición está obligada a mover ficha. También está obligada a ello, porque después de décadas, los resultados obtenidos por la coalición pueden calificarse de discretos. No se trata de desdibujar la propuesta que representa IU, pero sí de introducir los cambios necesarios para convertirla en una fuerza más atractiva. No obstante, considero que Podemos va a ir perdiendo fuerza y conforme esto suceda el electorado volverá a mirar a IU. Aún así, el partido de Alberto Garzón debe preguntarse qué papel quiere jugar; sobre todo, después de que Podemos haya demostrado que con muy poco puede poner en crisis a la coalición. 

UPyD parece herido de muerte después del 22-M. Hasta ahora UPyD ha sido el proyecto personalista de Rosa Díez. Pero si quiere tener alguna posibilidad de sobrevivir a la actual coyuntura, se antoja fundamental superar el liderazgo de la política vasca y construir un proyecto con más largo recorrido. De lo contrario, será difícil que el electorado siga confiando en un proyecto esencialmente personalista que no se sabe muy bien qué o a quién representa. 

martes, 3 de marzo de 2015

Las Hermandades y la labor social

En el mundo de las Hermandades, cuando se habla de la labor social, es común invocar el dicho de San Mateo "que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha". Tal vez, esta interpretación sea una de las razones que contribuyan a explicar la polémica que se originó en Sevilla hace casi un año cuando el arzobispo Asenjo declaró que solo el 8% de las hermandades presenta sus cuentas a la Diócesis Hispalense y realiza aportaciones al Fondo de Solidaridad. Algunas Hermandades no tardaron en reaccionar a aquellas palabras e hicieron público, por distintos medios, el detalle de la labor social que desarrollan durante el año. Meses más tarde, un estudio independiente elaborado por el Instituto de Investigación Aplicada a la Pyme, cifró en 4,5 millones de euros la labor social que realizan las Hermandades de penitencia, gloria y sacramentales de la ciudad de Sevilla.

Lo que sucedió en la ciudad vecina, podría haber sucedido en muchos otros lugares; por supuesto, en Huelva. Si recurro a este ejemplo lo hago solo para argumentar que, a mi juicio, constituye un error que las Hermandades no den la suficiente publicidad a la labor social que realizan. Un cofrade puede conocer al detalle los estrenos de su cofradía el día de salida, pero difícilmente conozca el presupuesto que la misma destina a labor social durante el ejercicio.

Las Hermandades dan cuentan puntual de los estrenos, de los cambios en los martillos, de los contratos musicales, de los cultos y de un sin fin de actividades y acuerdos. Sin embargo, de la labor social que realizan se sabe poco, pese a que cada vez es mayor la atención que se presta a este apartado.

Considero que las Hermandades deben dar ejemplo con su conducta. Y, al igual que efectúan la estación de penitencia para dar testimonio de fe, deberían dar a conocer la labor social que realizan para sensibilizar a los hermanos, a los cristianos y a la sociedad, en general, de la importancia que en el mundo de hoy tienen valores, como la solidaridad.

Dar cuenta de la labor social que se desarrolla es una manera de explicar el por qué de la Semana Santa en el siglo XXI, es una manera de reivindicar que las Hermandades hacen ciudad desde la solidaridad y es, al tiempo, una fuente de legitimidad para la Semana Santa y las Hermandades, porque la solidaridad es un valor que tiene un enorme peso específico en el mundo de hoy.

Creo, por tanto, que las Hermandades, sin ningún complejo, tienen que explicar el detalle de la labor social que llevan a cabo. Y creo, también, que el Obispado, incluso el Consejo, debe velar para que todas las Hermandades cumplan los mínimos que, entre todos, acuerden. Porque la labor social no es una carga, ni una obligación impuesta, sino una obligación ética que nace de la convicción íntima de cada cofrade.

Las Hermandades son asociaciones que contribuyen a hacer Ciudad y que están vivas durante todo el año. La sociedad onubense tiene que saberlo y los cofrades debemos ser los principales interesados en que se sepa.


jueves, 26 de febrero de 2015

La nueva política

No cabe duda de que la política está cambiando desde hace algún tiempo, y los acontecimientos que se suceden en nuestro país en la actualidad se prestan a explicar, como si de un libro se tratase, cómo y en qué dirección está cambiando la política.

Comenzando por la figura del líder, podemos señalar que la nueva hornada de políticos (Pedro Sánchez, Iglesias, Rivera, Garzón o Errejón) tiene algunos elementos en común: se trata de políticos jóvenes, con solvencia mediática y que han llegado a puestos de máxima responsabilidad orgánica o institucional sin apenas experiencia política previa. Lo decisivo, en el caso de los nuevos líderes, no ha sido la trayectoria política o la contrastada solvencia como gestores, sino el atractivo mediático, sin el que no podría entenderse su liderazgo. Pero lo cierto es que en la nueva politica es una valor que cuenta y cada vez más. No entro a valorar si esta circunstancia es positiva o negativa, simplemente intento poner de manifiesto algunos de los rasgos que definen al nuevo político y a la nueva política.

Lo dicho hasta ahora enlaza con otro rasgo de la nueva política: el papel principal que juegan los medios de comunicación. Swanson ha llamado a este fenómeno "la política centrada en los medios" y Sartori nos advierte del poder de la "videocracia". En efecto, el debate político de hoy está más en los medios de comunicación que en las instituciones. Los medios de comunicación ofrecen a los políticos la posibilidad de comunicarse con los ciudadanos diariamente, de lanzar sus mensajes y de mejorar los niveles de conocimiento con relativa facilidad; es decir, sin la necesidad de, por ejemplo, contar con una estructura partidista sólida, estable y consolidada (los casos de Podemos y Ciudadanos son paradigmáticos). Evidentemente, esta posición central concede un nuevo poder a los medios, que pueden condicionar el perfil de los nuevos líderes, los procedimientos de selección de candidatos e incluso el discurso político, porque no puede ser igual el discurso que se ofrece en un Parlamento al que se ofrece en un magazine. 

Otro rasgo que distingue a la nueva política y que enlaza con lo que acabamos de comentar es la menor importancia que desde hace décadas tienen los programas y las propuestas de los distintos partidos. Sostener esta afirmación no resulta complicado desde hace años, pero la ascensión de Podemos o de Ciudadanos, con su calculada ambigüedad ideológica, constituye un ejemplo de libro. Los líderes de Podemos han pasado de apoyar con entusiasmo (en su época de outsiders) el chavismo a afirmar que la distinción entre derecha e izquierda es una estafa o que, a propósito de las inminentes elecciones andaluzas, están abiertos a pactar con cualquier partido político, ya sea de derecha o de izquierda. Ciudadanos también huye de las etiquetas izquierda-derecha y prefiere autodeclararse de centro, siempre más ambiguo, menos concreto, más cómodo. Pese a esta difuminación ideológica, las encuestas (una tras otra) predicen un amplio respaldo para estas dos nuevas fuerzas, lo que viene a probar que hoy día se puede tener éxito electoral con un discurso de perfil ideológico vago. Y no olvidemos que, en democracia, el éxito electoral lo conceden los ciudadanos. 
Este hecho permite afirmar que el elector ha dejado de decidir su voto en función de los criterios políticos clásicos. No estoy diciendo con esto que la diferenciación izquierda-derecha haya desaparecido (porque sigue existiendo y va a seguir existiendo), pero sí parece claro que el voto del ciudadano es hoy volátil, que se decide en función de nuevos criterios y que está muy condicionado por el contexto concreto de cada elección. Ciertamente, el elector ha perdido fidelidad a unas siglas, a una marcada identificación política. Hoy día el voto se decide, también, en función de nuevos criterios, como la confianza que transmite el candidato o la candidata, la eficiencia, las reformas que se proponen...pero, además, el voto está muy condicionado por el contexto de cada elección: contexto de crisis económica, corrupción, terrorismo, desafección...

Otra característica de la nueva política es que el abanico de los actores políticos se ha ampliado. Hoy día, en la arena política no solo juegan los actores políticos clásicos (partidos políticos, gobiernos o administraciones). Cada vez más, juegan con protagonismo actores, como medios de comunicación, sindicatos, organizaciones empresariales, iglesias, ONG's, grupos de presión..que pueden, no solo influir en la agenda política, sino condicionar el posicionamiento de los actores políticos clásicos en un determinado asunto y hasta orientar el sentido del voto o decantar el resultado de unas determinadas elecciones. Aquí habría que mencionar el papel que la ciudadanía organizada está jugando en un contexto de crisis, como el actual. En nuestro país, hemos tenido el ejemplo del 15-M o de las distintas mareas. Pero otros países ofrecen ejemplos, como la primavera árabe o lo sucedido en Islandia a propósito de la crisis económica.

A estas alturas, parece claro que el papel de los partidos está cambiando. Los partidos han perdido protagonismo. Lo han perdido frente al líder, que ha ganado autonomía. El líder tiene hoy día margen para diseñar estrategias, para conformar equipos, para articular mensajes...El líder es un valor más y, en ocasiones, suma más que la propia marca del partido. Pero también ha perdido protagonismo como actor político, porque ahora tiene que competir con más actores. El partido sigue siendo cauce de participación política, pero hoy otros actores también influyen en la conformación del sentido del voto. En especial, ha perdido protagonismo en relación a los medios de comunicación, como demuestran los casos de Podemos o Ciudadanos, que han crecido al albur de sus líderes, sin necesidad de contar con una estructura orgánica, sólida y con fuerte implantación en el territorio.

 

El mundo de hoy es mundo en transición. La política también está en ese proceso de cambio; no sabemos si los perfiles de la nueva política a los que acabo de hacer referencia han llegado para quedarse. Lo que sí parece claro es que para entender la política actual es preciso manejar las nuevas claves.

lunes, 9 de febrero de 2015

El tablero político en España

A escasos meses de importantes citas electorales, el escenario político continúa marcado por la incertidumbre que representa la crisis que afecta a los dos grandes partidos y por la irrupción de nuevas fuerzas que aspiran a romper el bipartidismo que caracteriza al sistema español desde el restablecimiento de la democracia.

¿Qué interpretaciones pueden extraerse de la actual coyuntura? ¿Realmente está amenazado el bipartidismo? ¿Será duradero el fenómeno Podemos?

A mi juicio, el desgaste que afecta a PSOE y PP no puede entenderse sin los efectos que en nuestro país está teniendo la prolongada crisis económica y, en especial, las insoportables cifras de desempleo. Se trata, por lo tanto, de una crisis que tiene una naturaleza coyuntural, aunque agravada por ciertos casos de corrupción que han salido a la luz durante la crisis económica. Si consultamos los estudios del CIS, comprobaremos que el hundimiento en la valoración de PSOE y PP coincide con la gestión de la crisis económica que estos partidos han protagonizado desde el Gobierno. Por esta razón, entre otras, me inclino a pensar que el hundimiento de PSOE y PP en las encuestas será coyuntural e irá remitiendo a medida que la economía vuelva a reactivarse y el desempleo disminuya de manera sustancial. Cuando la situación económica se normalice, es muy probable que PSOE y PP recuperen progresivamente el apoyo ciudadano.




Ni mucho menos quiere esto decir que PSOE y PP tengan tan solo que esperar de brazos cruzados a que la crisis remita para que todo vuelva a ser como antes. La ciudadanía no va a olvidar fácilmente los efectos de la crisis; de modo que ambos partidos tendrán que realizar generosos esfuerzos si quieren que el electorado recupere la confianza en ellos y, aún así, a medio plazo, sobrevolará la incógnita de saber hasta dónde va a llegar la recuperación de ambos. Es decir, si superada la crisis, la valoración de estos dos partidos volverá a los niveles anteriores a 2008 o si estos índices son ya cosas del pasado.

Esta incógnita constituye un desafío mayor para el PSOE, puesto que la competencia que representa el bloque IU-Podemos se muestra más solida que la configurada por el bloque Ciudadanos-UPyD y porque el electorado conservador es más 'benévolo' que el progresista a la hora de 'perdonar'. Pero conviene no menospreciar que el PSOE es para buena parte del electorado protagonista de algunos de los más destacados avances de las últimas décadas y que se trata de un partido que tradicionalmente ha gozado de la simpatía de buena parte del electorado, aspectos que pueden animar la rápida recuperación del PSOE.

Sea como fuere, los dos partidos mayoritarios harían bien en tomar buena nota de lo sucedido y adoptar las medidas oportunas para reducir la brecha que desde hace décadas separa a partidos y ciudadanos, problema  que no es exclusivo de nuestro país, pero que en España se ha manifestado con especial intensidad como consecuencia de la crisis económica y de ciertos casos de corrupción. Entre estas medidas que apunto, considero imprescindibles las orientadas a la rendición de cuentas, a mejorar los niveles de transparencia, a desterrar la corrupción y a mejorar los criterios y procesos de seleccion de líderes.

Como la otra cara de la misma moneda, el amplio respaldo que a día de hoy obtendría Podemos irá, a mi juicio, en descenso a medida que los efectos de la crisis económica vayan desapareciendo y una vez que la realidad se encargue de demostrar que buena parte del discurso original de Podemos no es realizable en el mundo de hoy. Esta afirmación se apoya en ciertos datos que arrojan los sondeos: se trata de una fuerza que la ciudadanía sitúa en el extremo de la izquierda y que nunca votaría buena parte del electorado. Es improbable que un partido con este perfil pueda mantener un elevado apoyo de manera sostenida en el tiempo. Además, hay que considerar que el modelo organizativo del partido morado es contrario a la estabilidad, circunstancia que el electorado ha castigado tradicionalmente, y también que el apoyo a Podemos nace de la indignación; de modo, que a medida que los efectos de la crisis se diluyan, el partido de Pablo Iglesias va a tener muy difícil retener ese apoyo prestado, que volverá progresivamente a PSOE e IU.

La formación de Cayo Lara y Alberto Garzón, con independencia de lo que suceda en el corto plazo, seguirá siendo, a mi juicio, la segunda fuerza en el espectro de la izquierda, porque se trata de un partido con mayor tradición y solidez que Podemos; aunque todo va a depender del temple que tengan los líderes de IU para aguantar el efecto Podemos; episodios como el de Tania Sánchez pueden terminar por fagocitar a IU. 

La integración IU-Podemos, una opción que puede verse como probable, sería a mi juicio negativa para IU, porque daría como resultado una organización altamente inestable y difícilmente gobernable. Por esta razón, entiendo que la mejor opción para IU es sacudirse los complejos que tiene desde la irrupción de Podemos y trabajar para ser competitivo en el actual escenario. Haría bien en preguntarse por qué una fuerza como Podemos puede conseguir con tanta facilidad lo que IU no ha logrado en décadas. Y también si se a dota de un modelo organizativo más estable y se muestra como un partido responsable y fiable. En definitiva, tiene que resolver si su objetivo es ser un partido de oposición o si existe para cotas más ambiciosas.

El caso de UPyD, un partido que nació de un proyecto personalista, no es comparable al de IU, porque el partido magenta es relativamente nuevo en el sistema político español. De hecho, la crisis económica estalló cuando UPyD no estaba aún consolidado, razón por la que considero que la irrupción de Ciudadanos constituye una seria amenaza para la viabilidad del partido de Rosa Díez, que haría bien en valorar la unión con Ciudadanos: un partido nuevo, centrado, que cotiza al alza y con un líder bien valorado. La unión de estos dos partidos dotaría de mayor solidez a sus proyectos políticos y equilibraría el espectro político del centro derecha, en el que el PP compite sin rival.

Ciudadanos, por su parte, está llamado a concretar su propuesta programática. Hasta ahora la ambigüedad le ha servido para crecer en un escenario convulso y marcado por la desafección. Pero cuando el escenario político se normalice, el partido de Albert Rivera tendrá que elegir el lugar exacto del tablero que quiere ocupar: a la izquierda o a la derecha del PP.

El voto nacionalista se encuentra consolidado y probablemente no varíe de manera sustancial en el futuro; aunque una mejora en el modelo de financiación autonómica y en otras reivindicaciones podría contribuir a rebajar la tensión en Cataluña y Pais Vasco y de esta forma frenar un posible ascenso de los partidos nacionalistas.

En resumen, el sistema de partidos, más allá del corto plazo, seguirá estando dominado por PSOE y PP. Y esto será así, a mi juicio, aunque Podemos obtenga unos magníficos resultados en las próximas elecciones generales. Según creo, el caso de Podemos puede compararse al de UCD; los ciudadanos entendieron que el partido de Adolfo Suárez tenía una misión: aprobar la Constitucion, como paso decisivo hacia la consolidación de la democracia. Y una vez que este hito quedó superado, UCD inició su declive. Podemos es una fuerza que nace en una coyuntura muy concreta de hartazgo y desafección. Pero, una vez que esa coyuntura haya desaparecido, muy probablemente el papel que la ciudadanía concede a Podemos cambie. El partido de Iglesias puede compararse con un medicamento que se utiliza mientras dura la enfermedad y deja de ser útil cuando la enfermedad remite.

Pese a la hegemonía que pronostico de PSOE y PP, las mayorías absolutas serán más difíciles de conseguir. Hasta qué momento exacto será así dependerá de que la ciudadanía mantenga o relaje el espíritu crítico una vez que la economía vuelva a la senda del crecimiento y las cifras de desempleo se reduzcan de manera sensible. 


miércoles, 21 de enero de 2015

Lo que pesa la Semana Santa

A finales de octubre, los presidentes de los Consejos de Hermandades de las capitales andaluzas, además de Jerez, mantuvieron en Córdoba un encuentro de trabajo que giró sobre "el impacto de la Semana Santa en las capitales andaluzas y sus fuentes de ingresos". En las conclusiones de aquella reunión, los presidentes de los Consejos afirman, entre otras cosas, que  las Hermandades y la Semana Santa “sostienen a un colectivo muy elevado de talleres artesanos” (bordadores, orfebres, tallistas, carpinteros, doradores, sastres, floristas, cereros…), favorecen el turismo y estimulan el consumo. Además, los presidentes, “con el estudio de algunos datos concretos y dispersos, obtenidos en algunas capitales por diversos entes académicos y profesionales, evalúan el impacto económico de la Semana Santa en Andalucía en los diversos sectores productivos, en mas de 600 millones de euros anuales”.

Me parece un acierto pleno que los presidentes hablen en estos términos de este asunto, porque la Semana Santa tiene una esencia religiosa (que nadie discute), pero tiene también otras dimensiones que forman parte de su ADN.

Esto que digo no constituye novedad alguna. José Bermejo y Carballo, por ejemplo, explica en ‘Glorias Religiosas de Sevilla’ como en 1830, después de 33 años, volvió a procesionar la cofradía del Santo Entierro, merced al empeño del asistente Arjona, atrayendo a la "ciudad un número extraordinario de personas de todas las provincias de España y de reinos extranjeros". Luís Martínez Kleiser, en 'La Semana Santa en Sevilla', publicada en 1925, también refleja la presencia de turistas extranjeros contemplando la estación de algunas cofradías, como las del Gran Poder o la Macarena. Rafael Esteve, en su trabajo, 'Orígenes del aprovechamiento turístico de la Semana Santa Andaluza' habla así:  "Pero no sólo era el mantenimiento de la tradición o el deseo de emular a Roma como tercer polo de atracción de la cristiandad en la Semana de Pasión lo que consiguió que las celebraciones religiosas de la Semana Santa se mantuvieran por encima de los complicados avatares políticos del XIX y en especial de los años del Sexenio Revolucionario. Era, sobre todo, el aprovechamiento del impulso económico generado por la llegada de turistas atraídos por las celebraciones religiosas lo que está en el trasfondo promotor de las procesiones en esos años." Para terminar esta relación de ejemplos, que podría ser cuasi eterna, citaré a Isidoro Moreno, que en su conocidísima obra  'La Semana Santa de Sevilla. Conformación, Mixtificación y Significaciones', hace referencia a un artículo publicado bajo pseudónimo en el número 138 del Boletín de las Cofradías de Sevilla que dice: "el Ayuntamiento empieza a subvencionar a las cofradías, no por su aspecto piadoso, sino como fiesta atractiva de forasteros".


Hace siglos que el análisis está hecho. De ahí que hablar de estos asuntos sin complejos ni prejuicios, como algo natural que nos acompaña desde hace siglos, me parezca un acierto. Primero, porque negar, o silenciar cuando menos, el carácter "complejo y poliédrico" de la Semana Santa es negar la propia naturaleza de esta celebración. Pero, además, porque hablar de lo que la Semana Santa aporta al turismo, al comercio, al empleo...es hacer valer su peso específico con toda amplitud e intensidad, algo que debe ser del máximo interés de los cofrades.