martes, 24 de mayo de 2016

¿Es realizable lo que propone Podemos?

Desde que Podemos irrumpió en la arena política , de manera recurrente se me viene a la memoria la advertencia que Giovanni Sartori hace en su libro Qué es la democracia cuando reflexiona sobre la utopía y lo imposible. El profesor italiano, en primer lugar, se esfuerza en subrayar que en política sí se puede establecer a priori qué es posible y qué imposible y, a continuación, aclara que en política la cuestión de la imposibilidad no es un problema de pensar, sino de realizar, de hacer.

Esta advertencia me viene a la mente porque Podemos, consciente de que su opción es ahora o nunca, ha puesto en marcha una estrategia entre demagógica y populista que pasa por decir aquello que su población objetivo quiere escuchar. Así, a tenor de los datos, ha construido un discurso que seduce a parte del electorado, pero ¿es realizable lo que propone Podemos?

En primer lugar, conviene no perder de vista que las promesas de Podemos no se han materializado nunca en ninguna democracia avanzada, hecho que debe llevar a un ciudadano mínimamente crítico a preguntarse por qué y cómo va a conseguir Podemos lo que no ha conseguido nadie hasta ahora. Porque, repito, la imposibilidad en política no es un problema de pensar o de decir, sino de hacer. O sea, no se trata de estar o no de acuerdo con los fines y valores que Podemos dice defender ni tampoco de emprender una competición infantil para determinar quién está más a la izquierda de todos (la izquierda que propone lo imposible no es izquierda), sino de determinar si las propuestas de los partidos políticos son o no viables. 

Como he dicho, Podemos promete lo que hasta ahora nadie ha conseguido en ninguna democracia avanzada. De ahí que sus líderes hablen cómo si tuvieran la solución a todos los desafíos que están minando la legitimidad de los sistemas democráticos en todo el mundo. Los desafíos democráticos que a día de hoy no han encontrado respuesta no parecen existir para el partido morado, lo que extraña si consideramos que algunos de sus principales líderes son profesores de Ciencia Política y conocen a la perfección el debate abierto sobre la crisis de legitimidad de los sistemas democráticos: eficacia, aumento de las desigualdades, futuro del Estado del Bienestar, globalización, migraciones, corrupción, cambio climático, seguridad y defensa...

De esta forma, el programa electoral confeccionado para las elecciones europeas de 2014 (del que, por cierto, a día de hoy no hay rastro en internet, porque la cúpula de Podemos ha decidido eliminarlo deliberadamente) incluyó, entre otras promesas, la prohibición de despidos en empresas con beneficios, la recuperación del control público de sectores estratégicos, someter las privatizaciones a referéndum, la refundación de las instituciones de la UE, la reformulación del concepto de seguridad o la reconducción de la política internacional de la UE ¿Son viables estas promesas en el mundo global, cambiante y complejo de hoy? ¿Qué democracia las ha realizado? ¿A ningún partido político democrático se le había ocurrido con anterioridad lo que promete Podemos o acaso los partidos políticos clásicos -los que han sido garantes de la democracia en el mundo- han aprendido a no prometer lo que no es viable?

Pero sigamos. El programa electoral que el partido morado presentó a las generales del 20-D prometía, entre otras cosas, la garantía de un nivel adecuado de inversión pública, la lucha contra la pérdida del poder adquisitivo, el compromiso de garantizar la sostenibilidad del sistema de pensiones, la recuperación de las centrales hidroeléctricas por parte del Estado, el incremento del presupuesto público en sanidad en 8.800 millones €, el acceso garantizado a los suministros básicos, el alquiler estable y asequible, 13.700 millones € para la educación pública, educación infantil de 0-6 años universal y gratuita, formación profesional realmente gratuita, tasas universitarias accesibles para todas y todos, el fin de la precariedad del profesorado universitario, la recuperación de los derechos laborales del sector público o el sometimiento a consulta ciudadana de la participación de las fuerzas armadas en operaciones militares internacionales. 
¿Son viables estas promesas en el mundo de hoy? ¿Cómo va a garantizar Podemos un nivel adecuado de inversión pública justo cuando Bruselas está pidiendo a España más reformas? ¿Qué democracia no tiene abierto a día de hoy el debate sobre el futuro de las pensiones? ¿O el debate sobre el Estado del bienestar en época de crisis. ¿Cómo va a hacer frente el partido de Iglesias a las nuevas amenazas en materia de seguridad y defensa en un mundo con un claro protagonismo de organizaciones internacionales y cesión de soberanía por parte de los Estados?

¿Quiero decir con esto que debemos renunciar a ciertos objetivos que son justos en el seno de una sociedad democrática? (pleno empleo, ampliación del Estado del bienestar, lucha contra las desigualdades, derecho a un medio ambiente de calidad...). Ni mucho menos. Es más, creo que ningún partido político democrático ha renunciado a tales objetivos. Ni siquiera Syriza, pese a que su llegada al poder le ha supuesto un instantáneo baño de realidad que le ha hecho desprenderse del populismo y la demagogia. Lo que trato de explicar es que en un mundo tan complejo como el actual no se puede jugar con la situación límite, desesperada de buena parte del electorado y prometer lo que se sabe, a ciencia cierta, que no es alcanzable, al menos, en el corto plazo. Es decir, en el horizonte temporal en el que se juegan las elecciones. Lo que trato de explicar es que la solución a los complejos desafíos que a día de hoy desgastan a los sistemas democráticos nunca va a venir de la mano de la demagogia ni de los populismos, sino de la política con mayúsculas. Es decir, de la política que se practica desde la honestidad, el rigor y la transparencia, la que trata a los ciudadanos con el respeto que merecen y no la que pretende engañarlos o, al menos, confundirlos.

Es cierto que la creciente desafección está favoreciendo, no sólo en España, sino en nuestro entorno, la irrupción de partidos populistas (ahí está el avance de la extrema derecha en Europa). Pero si sabemos a priori que ciertas opciones políticas son irrealizables es fundamental combatirlas, porque el futuro no puede suponer un paso atrás. 



viernes, 20 de mayo de 2016

A propósito de la alianza entre la Semana Santa de Sevilla y Málaga

En las últimas décadas el mundo ha comenzado a moverse con una intensidad desconocida, y este movimiento afecta a la misma Semana Santa. Recientemente, según he podido leer en el portal 'Pasión en Sevilla', se ha celebrado en Málaga una charla con el título 'Ciudad y eventos cofrades'. Han asistido, entre otros, el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, el concejal delegado de Seguridad, Movilidad y Fiestas Mayores del Ayuntamiento de Sevilla, José Antonio Cabrera, el presidente de la Agrupación de Cofradías de Semana Santa de Málaga, Pablo Atencia, y el presidente del Consejo General de Hermandades y Cofradías de Sevilla, Carlos Bourrellier.



El alcalde de Málaga ha subrayado la importancia de que iniciativas de este tipo aporten a la promoción del turismo que se viene haciendo desde el eje Sevilla-Málaga, que se extiende también a Córdoba y Granada. José Antonio Cabrera, por su parte, ha destacado la importancia que la Semana Santa tiene para el turismo y para la industria y ha abogado por profundizar en el eje Sevilla-Málaga, también desde el ámbito cofrade.

La Semana Santa de la ciudad de Huelva tiene posibilidades desde el punto de vista turístico. A su indudable interés artístico se le suman otros atractivos como la proximidad a Sevilla, Portugal o el Rocío, las extraordinarias playas, la sugerente oferta gastronómica, la comodidad para presenciar los desfiles procesionales (lo que resulta cada vez más difícil en Sevilla) o el interés de la Semana Santa de otros municipios de la provincia. Estos argumentos, a mi juicio, constituyen una razón sólida para ensayar nuevas iniciativas con el objetivo de aprovechar al máximo el potencial turístico de la Semana Santa de Huelva. El mundo se mueve y conviene estar atentos a todos los movimientos. 


sábado, 19 de marzo de 2016

De los pregones

El pregón de la Semana Santa de Sevilla de Rafael González Serna ha tenido una virtud por encima de cualquier otra: ha conectado de tal forma con la manera que tienen los sevillanos de entender y de vivir la Semana Santa que ha puesto a todo el mundo de acuerdo en torno a la idea de qué debe ser un pregón de Semana Santa.
A estas alturas nadie duda en Sevilla que un pregón no puede ser una homilía. A estas alturas todo el mundo tiene claro que un pregón no tiene por qué ser aburrido. Y también ha quedado claro que un gran pregón es el que provoca en quienes lo escuchan ganas de Semana Santa; ganas de salir del teatro a toda prisa para buscar en la calle la primera cofradía.
El pregón llevaba años en una especie de crisis; se había convertido en un género que deambulaba sin rumbo cierto como intentando encontrarse. El pregón era algo así como un personaje en busca de autor. 
Pero el autor ha llegado. González Serna ha tenido la habilidad de poner a todos de acuerdo y la receta que ha utilizado no ha sido especialmente novedosa. Simplemente ha sacado a relucir el alma popular de la Semana Santa y ha expresado, ni más ni menos, la manera que tenemos los cofrades -la manera que tiene el pueblo- de entender, vivir y sentir la Semana Santa -soberbia la conversación del pregonero con el Señor de la Sentencia-. Como digo, algo nada novedoso. Tan solo se trataba de buscar la esencia y ahuyentar algunos complejos. De no desnaturalizar el género, porque un pregón no es una homilía ni tiene porqué ser una pieza aburrida. 
Gracias, pregonero.

sábado, 9 de enero de 2016

Cosas que no me gustan de la Semana santa

Entiendo la Semana Santa como la gran fiesta de Huelva. Como una celebración en esencia religiosa, pero que por su singularidad trasciende lo religioso. Por lo que representa para miles de personas y para la propia ciudad, no me gusta hablar en tono crítico de la Semana Santa. Prefiero resaltar lo que tiene de fiesta, lo que une, lo que significa para tanta gente en nuestra ciudad. Pero es cierto que hay situaciones que se dan en estos momentos en la Semana Santa que, como cofrade, no me gustan.

No me gusta, por ejemplo, que hoy día varias hermandades tengan al frente gestoras (Tres Caídas, Cena y Prendimiento, además de la Cinta); no me gustan las divisiones en las hermandades; no me gusta la actitud de ciertos directores espirituales ni tampoco que algunos hermanos mayores, hastiados, estén deseando que se agote su primer mandato para cesar en su responsabilidad. Creo que cuando este tipo de situaciones afectan a más de tres y de cuatro hermandades, la Semana Santa como colectivo tiene un problema que no logrará ocultar ni una procesión magna, ni una coronación canónica ni ningún otro acontecimiento parecido.


No me gusta pintar la Semana Santa en tonos grises. Todo lo contrario. Me gusta imaginarla alegre, de colores, en plenitud. Pero si queremos que la Semana Santa de Huelva siga creciendo, siga atrayendo a gente, siga siendo la fiesta por antonomasia de la ciudad, creo que tenemos que afrontar con honestidad y responsabilidad ciertas situaciones. Mirar para otro lado creo que es un error. 

martes, 28 de julio de 2015

Podemos, nada nuevo bajo el sol

Podemos nació con un claro objetivo: aprovechar una coyuntura excepcional para alcanzar el poder en el menor tiempo posible. Sus estrategas entendieron que para tener opciones de llegar al objetivo era fundamental que la ciudadanía percibiese al partido morado como algo nuevo y radicalmente diferente a lo existente, al tiempo que atraerse a buena parte de la cantidad de indignados y desencantados. Y debían conseguirlo en un tiempo récord, antes de que el escenario de crisis y desafección se normalizara. 

Condicionados por estas variables, Iglesias y los suyos entendieron que debían construir un discurso populista y demagogo y elevar el listón de las propuestas hasta lo inalcanzable. Al tiempo, comenzaron a hablar de casta o régimen del 78 para afear a los partidos tradicionales. Pero es Podemos un proyecto novedoso? Es realmente un partido diferente? Podrá estar a la altura de las expectativas generadas y del discurso original?

Con la estrategia primera, Podemos ha obtenido representación en el Parlamento Europeo, en ayuntamientos señalados y en parlamentos autonómicos, ocupa una posición franca en todos los sondeos y ha sido capaz de atraerse a buena parte de los indignados. Lo que no es poco. Pero también ha conseguido que el electorado lo perciba como un partido radical.

Por esta razón el equipo de Iglesias, sabedor de que un partido percibido por el electorado como radical tiene muy pocas opciones de pelear por el poder y que algunas de las promesas iniciales son inviables, activó la segunda fase del experimento: comenzó a matizar el discurso y las propuestas, a apelar a la centralidad del proyecto, a argumentar que la diferenciación izquierda-derecha no tiene vigencia, a rehuir ciertos debates, como el de monarquía-república argumentando que no es un asunto que se encuentre entre las prioridades de la mayoría, a retrasar la edad de jubilación inicialmente prometida para fijarla finalmente en los 65 años o a recurrir al apoyo de personas de reconocido prestigio (Jiménez Villarejo, Vicenc Navarro, Juan Torres...). Es decir, nada nuevo bajo el sol. Llegado un determinado momento, el núcleo duro ha emprendido un camino hacia la moderación. Un camino que no tiene retorno pero que transitan con ambigüedad calculada para no ahuyentar a unas bases más radicales que el aparato de la formación. 

En la parcela orgánica sucede algo parecido. Lejos del discurso inicial, lejos de las apariencias, el equipo de Iglesias siempre ha tenido claro que una organización política necesita contar con una dirección fuerte, que controle el conjunto de la organización y, en especial, las candidaturas orgánicas e institucionales, y garantice, de esta forma, la estabilidad que toda formación necesita para resultar competitiva electoralmente. A día de hoy, Podemos, un partido formado en tiempo récord y con una base heterogénea, dista de ser este tipo de partido. De hecho, el ruido interno ha acompañado al partido desde su fundación, como quedó de manifiesto con ocasión de las elecciones municipales (cuando en algunos municipios, un sector de la militancia decidió presentarse a los comicios, en contra de la voluntad y de las directrices de la dirección), con motivo del procedimiento establecido para elegir las candidaturas a las próximas elecciones generales (500 cargos firmaron un manifiesto en contra de las normas aprobadas por la dirección) o cuando 22 cargos suscribieron el manifiesto Abriendo Podemos.

Mas es innegable que Iglesias lleva tiempo dando pasos decididos para garantizarse el control absoluto de la organización (resultó elegido secretario general con el 88,6% de los apoyos y candidato a las próximas generales con el 94% de los votos). Tampoco aquí hay nada nuevo bajo el sol, porque Iglesias y su círculo más estrecho saben que el funcionamiento de los actuales partidos (ya los llamemos partidos atrápalo todo, cártel, electoral-profesional...), aunque insatisfactorio en ciertos extremos, es el mejor que se ha ensayado nunca en España y en cualquier otra democracia avanzada. 

Quiero con esto decir que Podemos no representa nada nuevo en sí mismo. Es cierto, que el partido de Iglesias, como Ciudadanos, el 15-M, las mareas y otros movimientos de raíz popular, han contribuido a que el sistema de partidos en España avance en la buena dirección. Pero, en sí mismo, no trae nada nuevo. Ninguna diferencia sustancial. Desde un punto de vista programático, el equipo de Iglesias ha iniciado un camino hacia la moderacion del que se apartará cada vez que sea necesario por mero tacticismo. Pero siendo muy consciente de que en las sociedades actuales -avanzadas, complejas y organizadas- existen reglas que hay que respetar y que todos los actores, incluidos los políticos y gubernamentales, tienen límites en su capacidad de actuación. El caso de Grecia está muy reciente como para olvidarlo. 

Por otro lado, en cuanto organización, más allá de los cantos de sirena, se aproximará de manera progresiva a los partidos existentes porque, como digo, en las democracias avanzadas no se ha ensayado un modelo que garantice mejor a los partidos la estabilidad necesaria para cumplir con normalidad las importantes funciones que tienen atribuidas por la Constitución o las leyes. 

Por tanto, ni programáticamente ni en cuanto organización, debemos esperar nada nuevo del partido morado. Podemos se encuentra en una encrucijada: atrapado entre lo que dijeron que eran y lo que realmente son. Más o menos esto es lo que han denunciado los firmantes del manifiesto Abriendo Podemos. 

Por estas razones, sostengo que Podemos tan sólo representa un "quítame tú para ponerme yo". Algo que puede ser legítimo, pero que debemos tener meridianamente claro si no queremos llamarnos a engaño y que la desafección siga en aumento. 

En la política española, sin duda, hay cosas que cambiar y otras que mejorar. Probablemente muchas e importantes. Y es posible hacerlo. Pero la demagogia y el populismo nunca serán la solución.


lunes, 15 de junio de 2015

24-M, algo se mueve

El resultado de las elecciones municipales se ha concretado el pasado día 13 de junio con la constitución de los ayuntamientos. Después de los arreglos que han sido necesarios en muchos casos para favorecer la gobernabilidad, es ahora, una vez constituidos los ayuntamientos, cuando se puede hacer con mayor rigor una lectura de los resultados.

Las elecciones municipales y autonómicas del 24-M han puesto fin a las mayorías absolutas. Pero eso es una cosa y otra proclamar el fin del bipartidismo, como tanto se ha vaticinado en los últimos meses. PP y PSOE han sumado el 53% de los sufragios; 13 puntos menos que en 2011. Pero gobiernan la inmensa mayoría de Comunidades y Ayuntamientos. Es lógico que PP y PSOE hayan recibido castigo por la gestión que han hecho de la crisis económica y por los escándalos de corrupción. Pero siguen siendo partidos de gobierno y todo indica que van a seguir siendo las opciones preferidas por los electores. A partir de ahora, el tiempo corre en contra de Podemos y Ciudadanos que tienen en las próximas elecciones generales su particular prueba del algodón; se trata de partidos que han querido jugar un papel muy claro en el sistema político español: nacieron en una coyuntura concreta ante problemas muy determinados y si el electorado no los identifica como la solución a esos problemas concretos perderán progresivamente su razón de ser. La experiencia demuestra que no es fácil para una nueva fuerza consolidarse en el sistema de partidos de nuestro país. De ahí que si tras las generales Podemos y Ciudadanos no quedan posicionados de manera estratégica, es muy probable que progresivamente vayan perdiendo fuerza hasta quedar reducidos a opciones minoritarias, entre otras cosas porque parece lógico que paulatinamente el electorado se reconcilie con los partidos tradicionales a los que ha castigado en las últimas convocatorias electorales. Dicho esto, es de justicia reconocer lo que tanto Podemos como Ciudadanos han aportado hasta ahora al sistema político. 

Desde un punto de vista ideológico, las elecciones del 24-M han supuesto un claro giro a la izquierda. El mapa de Comunidades Autónomas y Ayuntamientos ha cambiado de manera sustancial, lo que debilita al PP de cara a las próximas elecciones, porque las urnas han supuesto un claro rechazo a las políticas y a las formas del partido de Mariano Rajoy.
 
 El PP fue el partido más votado en las elecciones municipales con el 27% de los votos. Pero es, sin ninguna duda, el gran perdedor de las elecciones del 24-M porque se ha dejado en el camino más de 10 puntos (cerca de 2,5 millones de votos) y sobre todo mucho poder institucional (Comunidades como Castilla la Mancha, Valencia, Extremadura o Aragón y Ayuntamientos como los de Madrid, Valencia o Sevilla). El PP llega a las elecciones generales como un partido derrotado y con un líder (si atendemos a las declaraciones de Mariano Rajoy sobre posibles cambios en el Gobierno y en el partido y sobre posibles cambios en las políticas) que no ha captado el mensaje de las urnas. El PP lo apostará todo al crecimiento económico, pero el electorado puede castigar duramente a un partido debilitado y que no atiende el mensaje de los votos. Sin duda, va a acusar la pérdida de alcaldes y presidentes autonómicos, principales referentes del PP en el territorio en los últimos años.

El PSOE ha quedado a 2 puntos del PP y ha perdido más de 2,5 puntos respecto al resultado obtenido en las municipales de 2011 (600.000 votos). Pero ha recuperado poder en Comunidades y Ayuntamientos (Castilla la Mancha, Extremadura, Comunidad Valenciana, Aragón o Ayuntamientos como Sevilla, Córdoba, Huelva, Valladolid u Oviedo). Sin tiempo para el descanso, llegan las generales; el PSOE debe convertir todo ese poder institucional que ha recuperado en aire fresco que le permita aparecer ante el electorado como un partido al alza, triunfador y como el único que puede garantizar el cambio y poner fin a políticas que tanto sufrimiento y desigualdad han traído. Al tiempo, haría bien en no perder de vista la estrategia que Podemos quiere implementar en los próximos meses para armar candidaturas de unidad popular de cara a las generales. Porque no olvidemos que unas elecciones son una competencia entre partidos y el PSOE necesita seguir creciendo de cara a las generales.

El resultado de Ciudadanos en las autonómicas y municipales no puede calificarse como bueno. El mejor indicador lo constituyen los resultados de las elecciones autonómicas, que deja al partido naranja muy por debajo de la proyección apuntada en los últimos sondeos. Pero este discreto resultado obtenido el 24-M ha quedado parcialmente maquillado por su capacidad para decididir gobiernos y favorecer la gobernabilidad en lugares estratégicos, como Andalucía y la Comunidad de Madrid, la primera a favor del PSOE y la segunda, del PP. En favor de Ciudadanos hay que decir que la moderación y centralidad que ha buscado en todo momento lo convierte de cara a las generales en un socio con menos aristas que Podemos, circunstancia que no ha pasado desapercibida para Pablo Iglesias que de repente ha cambiado su discurso en relación al PSOE. En torno a Ciudadanos se abren varios interrogantes. El primero comprobar si el liderazgo de Rivera para las generales será capaz de retener el electorado que ha ido obteniendo en las últimas convocatorias o, si por contra, después de varios castigos, ese electorado opta por volver al PP. Otros desafíos pasan por desarrollar la estructura organizativa en todo el territorio con cuadros adecuados (objetivo decisivo para crecer electoralmente) y mantener el aura de fuerza política nueva y regeneradora una vez que han accedido a las instituciones.

Los resultados obtenidos por Podemos distan de los objetivos que han venido expresando sus líderes en los últimos meses. Podemos irrumpió con el objetivo de acabar con el bipartidismo y convertirse en el primer partido del país. De cara a las elecciones del 24-M aspiraba a gobernar Comunidades y Ayuntamientos estratégicos, pero lo cierto es que ha cosechado mejores resultados allí dónde ha concurrido con candidaturas de unidad popular que dónde lo ha hecho con su propia marca. Esto es lo que han venido a reconocer los firmantes del manifiesto Abriendo Podemos, en el que se dice que tras las elecciones autonómicas y municipales, Podemos "ya no es el único instrumento de cambio". Es decir, la marca Podemos no entusiasma y está lejos de alcanzar su objetivo político inicial. No obstante, el partido de Iglesias sigue teniendo las elecciones generales como su gran cita y trabajará en los próximos meses por confeccionar candidaturas de unidad popular que le garanticen más posibilidades de éxito. La experiencia de gobierno en el Ayuntamiento de Madrid también puede contribuir a esta empresa, aunque la gestión del caso Guillermo Zapata no parece el mejor comienzo. Lo cierto es que la hora de la verdad ha llegado para el partido de Pablo Iglesias. Porque si en las elecciones generales no alcanza un resultado que lo posicione como partido estratégico probablemente haya empezado a escribir su testamento político. Al igual que Ciudadanos, el partido morado tiene ante sí los retos de mantener el aura de fuerza nueva y limpia y de desarrollar la estructura de la organización en el territorio; si bien, esto último se antoja algo más complicado en el caso de Podemos debido al modelo de partido que ha ido configurando y a las no pocas voces críticas que se han ido levantando tanto en la dirección nacional como en provincias en los últimos tiempos.


IU ha perdido casi dos puntos porcentuales respecto a las municipales de 2011 (más de 400.000 votos). Pero sobre todo, sigue afectada por el fenómeno Podemos. A la coalición le está faltando templanza para capear la actual coyuntura, y tirarse en los brazos de Podemos puede constituir un error fatal para el partido de Lara y Garzón, que haría mejor en abrir una amplia reflexión con el objetivo de modernizar el discurso, la estructura organizativa y hacerse más atractivo. Cuando el efecto Podemos cese, IU volverá a ocupar su lugar. Pero debe mover ficha y no permanecer de brazos cruzados ni inmolarse. Los izquierdistas parecieran hablar como si estuvieran en posesión de la verdad ideológica, pero IU aún no ha adaptado su discurso, su propuesta programática y su estructura organizativa a los nuevos tiempos. Ahí está su verdadero reto. Diluirse en Podemos puede ser pan para hoy y hambre para mañana.

lunes, 1 de junio de 2015

Tipos de Coronaciones Canónicas



El año 2015 en Huelva está marcado en lo cofrade por la Coronación Canónica de Nuestra Madre y Señora de los Dolores, prevista para el 19 de septiembre. La titular de la Hermandad de la Oración en el Huerto será la cuarta imagen en ser coronada en la Ciudad, tras las de la Cinta (1992), Esperanza (2000) y Victoria (2012).

Este destacado acontecimiento puede ser una buena excusa para acercarnos a las Coronaciones Canónicas, frecuentes de un tiempo a este parte pero, tal vez, poco conocidas.

Bermúdez Requena explica en 'Las Coronaciones Canónicas en Sevilla' (2003, Ed. Marsay) que en atención a la autoridad concedente pueden distinguirse tres tipos de coronaciones canónicas:
Pontificias
Concedidas por el Capítulo de San Pedro
Diocesanas 

Coronación Canónica Concedida por el Capítulo de San Pedro
El autor explica que la regulación de las coronaciones canónicas se ha atribuido históricamente al Capítulo de San Pedro. El origen de esta situación está, según el autor, en la donación que el conde italiano Alejandro Sforza hizo de parte de sus bienes a la Reverenda Fábrica de San Pedro del Vaticano para que fueran enajenados y proceder, con las rentas obtenidas, a "coronar a las imágenes de Virgen más veneradas" en el mundo. Dado que la citada institución recibió un considerable patrimonio para sufragar obras de enaltecimiento de la Virgen, el Papa le atribuyó, en el siglo XVII, el privilegio de otorgar el rango de canónica a la coronación de una imagen de la Virgen. A juicio del autor, la Reverenda Fábrica sigue ostentando esta competencia, porque el Código de Derecho de Canónico no la ha derogado de manera expresa.

En la provincia de Huelva, la Coronación Canónica de la Virgen del Rocío, por ejemplo, fue concedida por el Capítulo de San Pedro mediante rescripto de 8 de septiembre de 1918.

En la ciudad de Sevilla han merecido este tipo de coronación canónica las dolorosas de la Amargura y la Macarena.

Coronación Canónica Pontificia
El Papa es también una autoridad competente para conceder una coronación canónica; se trata, en opinión del autor, de una facultad "indiscutible" que queda "reconocida en el ritual de 1983".

En la ciudad de Huelva, la Coronación de la Virgen de la Cinta tiene rango pontificio. En Sevilla, la única imagen dolorosa que ha recibido este tipo de coronación es la Esperanza de Triana, mediante rescripto expedido el 7 de abril de 1983. 





Coronación Canónica Diocesana
Bermúdez Requena explica que según el Ritual de 1981, el legislador diocesano es también competente para conceder una coronación canónica, y precisa, seguidamente, que por legislador diocesano cabe entender al Obispo, al Abad territorial, al Superior de una orden religiosa y al Ordinario castrense. Con esta decisión, se ha pretendido agilizar la tramitación propia de una coronación. 

A partir de la entrada en vigor del Ritual de 1981, lo habitual es que las coronaciones canónicas sean concedidas por el legislador diocesano, en especial, el Obispo.

En la ciudad de Huelva las imágenes de la Virgen de la Esperanza y la Victoria han recibido este tipo de coronación canónica, rango que tendrá, así mismo, la coronación canónica de Nuestra Madre y Señora de los Dolores.